Entrada inaugural
De todos los Derechos Fundamentales y Libertades Públicas internacionalmente reconocidos, es indiscutible que el Derecho a la vida, además de Fundamental, es esencial; pues, si éste no está garantizado, todos los demás son superfluos. Pero si aceptamos la posibilidad de establecer una clasificación de todos los Derechos y Libertades atendiendo a su importancia relativa, no sólo desde el punto de vista del individuo titular de ellos, sino desde la perspectiva de la sociedad en su conjunto, es fácil concluir que, una vez que esté asegurado y garantizado el Derecho a la vida, ningún otro superaría en importancia al Derecho a una información veraz y su correlativa e indispensable Libertad de expresión.
Efectivamente, la Libertad ideológica, la de creencias, o la de cátedra, no tendrían soporte ni respaldo jurídico alguno si no estuviera garantizada, previamente, la Libertad de expresión, como tampoco lo estarían los derechos de reunión, asociación, manifestación o huelga, todos ellos también Fundamentales. Del mismo modo, la igualdad ante la ley y el correlativo derecho a no ser discriminado por razón alguna, no podrían ejercerse sin la garantía de un derecho a recibir libremente información veraz.
Evidentemente, esto no se les escapa a quienes ostentan el poder, sea cual fuere el régimen político de que se trate: en los sistemas democráticos, los partidos políticos se preocupan de acaparar el mayor número posible de medios de comunicación de masas para que difundan su mensaje o, por mejor decir, su propaganda. En los regímenes totalitarios, los tiranos, los dictadores imponen la censura previa y procesan como reos de toda clase de delitos contra el Estado a quienes pretendan opinar. Y es que el poder político no puede interferir en el pensamiento de los ciudadanos para erradicar sus ideas; pero sí puede evitar que éstas se propaguen criminalizando al que expresa pensamientos críticos e incluso estigmatizando determinadas opiniones. Y, si alguien tiene alguna duda de que esto también sucede en las sociedades occidentales, teóricamente libres, yo le planteo las siguientes reflexiones:
¿Se siente usted libre de opinar sobre extranjería sin temor a ser tachado de xenófobo?
¿Se siente usted libre de opinar sobre educación sin temor a ser tildado de retrógrado o, por el contrario, de excesivamente permisivo?
¿Se siente usted libre de opinar sobre homosexualidad sin temor a ser acusado de homófobo o tildado de gay?
¿Se siente usted libre de criticar el genocidio y la ocupación de Israel sobre Palestina sin temor a ser acusado de antisemita e incluso de nazi?
¿Se siente usted libre de manifestar su comprensión y solidaridad con el pueblo palestino sin temor a ser acusado de yihadista?
¿Se siente usted libre de opinar sobre determinados movimientos de autodeterminación sin temor a ser acusado de apologista del terrorismo?
¿Se siente usted libre, en fin, de utilizar expresiones como "la clase obrera", "el pueblo", "los trabajadores", "la explotación capitalista", "la izquierda y la derecha", "la lucha de clases", etc. sin que le tilden de comunista trasnochado, prosoviético o bolivariano?
Consecuentemente, la Libertad de expresión y el Derecho a la información son las primeras víctimas de cualquier sistema de gobierno; porque lo mismo dará comprar una opinión que secuestrarla, prohibirla o, peor aún, manipularla.
Por ello, en un Estado verdaderamente Democrático y de Derecho (hecha ya la salvedad del Derecho a la vida), debe considerarse como primordial la defensa y la garantía de la Libertad de expresión y su correlativo Derecho a la información; porque un Pueblo sólo es libre cuando está informado y puede manifestar lo que piensa sin temor a las consecuencias. La información es imprescindible para poder crearse una opinión sobre lo que acontece y esa opinión únicamente tendrá utilidad si puede transmitirse libremente. Una sociedad que no está suficientemente informada no podrá ejercer su derecho al voto responsablemente; ni tampoco conocerá cuáles son sus derechos primordiales para poder exigir que le sean respetados. Una sociedad en la que no se respeta la Libertad de expresión nunca podrá transmitir su pensamiento, sus ideas, su cultura.
Los juristas conocemos bien cuáles son los dos únicos límites que se pueden establecer a la Libertad de expresión y al Derecho a la información: el primero viene impuesto por el respeto a otro Derecho también Fundamental, cual es el Derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, sobre lo cual existe abundante jurisprudencia en relación con lo que se ha venido en llamar "colisión de Derechos Fundamentales". Esto se está viendo diariamente en la "tele-basura" y se da cuando un pseudo-periodista publica algo sobre algún aspecto de la vida supuestamente íntima de algún famosillo, a consecuencia de lo cual, éste (o su cohorte de abogados) consideran que se ha producido una intromisión en su intimidad y plantean la correspondiente querella ante los Tribunales para intentar obtener una suculenta indemnización. El segundo límite lo constituyen la injuria y la calumnia, tipificadas en el Código Penal como delitos.
También están tipificados en el Código Penal los delitos de incitación al odio. Este tipo de actuaciones no pueden ampararse bajo el paraguas protector de la Libertad de Expresión a diferencia de lo que sucede, en mi opinión, con respecto al delito de injurias a la Corona, cuya comisión lleva aparejadas penas de multa e, incluso, la pena de prisión; algo que muchos consideramos excesivo, ya que se trata de una medida más política que jurídica.
Una línea mucho más difusa sería la que separa la Libertad de Expresión de los delitos de enaltecimiento o apología del terrorismo; algo que habría que estudiar, caso por caso, desde la propia jurisprudencia y que también puede verse condicionado por un excesivo celo político más que jurídico.
En este blog ejerceremos nuestra Libertad de expresión con el convencimiento de que no va a colisionar con la intimidad de nadie ni tampoco, por supuesto, vamos a delinquir injuriando ni calumniando a persona alguna; por lo tanto, no nos aproximaremos, ni de lejos, a los límites establecidos.
Sirva esta primera entrada como inauguración y presentación de este blog que sólo pretende servir de tribuna para todo aquél que, desde el respeto y el buen gusto, tenga algo que decir.
La opinión pública nace de la Libertad de expresión.

Sin duda, Enrique, estamos ante uno de los derechos fundamentales, el de la libertad de expresión, y yo me planteo dado que últimamente está en auge otro derecho, el de la protección de datos, si ambos pueden converger perfectamente.
ResponderEliminarSaludos de Javi, siempre dejando Expedientes X jeje!! y un gusto leerte también en este blog.